Gente a la que mataría por las mañanas
Cuando aún faltan quince minutos para que el cercanías salga de la estación, la gente corre despavorida en busca del primer vagón. Son odiosos. ¿Qué pretenden con eso? ¿De qué van? Qué patéticos. No sé qué placer pueden encontrar en el acto de depositar sus culos sobre asientos de tela vieja y llena de mierda durante un cuarto de hora. No lo entiendo. ¿Qué piensan, que van a quedarse sin sitio para sus preciados traseros? Pero, por dios, ¿de qué van? Cuando el tren empieza a emitir ese sonido odioso que hace explotar mis tímpanos aún siguen quedando plazas libres. Pero ellos parecen no ver nada.
Tampoco ven nada cuando las sufridas madres de bebés recién levantados (estamos hablando de las 7.30 de la mañana, hora del día que debería estar prohibida) entran en el vagón con el pedazo de armatoste llamado carrito. Entiendo que muchos no sepan leer. Es lógico. Pero, precisamente para ellos, los señores responsables de los trenes de esta provincia han colocado unos bonitos carteles con dibujitos de carritos de bebé, maletas, biciletas y monigotes con muletas. ¿Qué quiere decir exactamente todo esto? Es tan sencillo que explicarlo aquí sería insultar a mis lectores y, para ellos, guardo otro tipo de insultos que ahora no tienen pertinencia alguna.
Pues bien, toda esa gente sigue mirando al frente, con su culo bien pegado al asiento negruzco, mientas la sudamericana de turno, con ojeras como pozos sin fondo y un bebé recién arrancado de las mantas se pregunta dónde coño van a ir ella, su retoño y su carromato de colores. Su mirada les importa menos que una mierda de perro (de hecho, cuando sacan sus perros a pasear corren detrás de ellos con bolsitas de plástico negras para recoger las cagadas que van dejando). A todos les suda el nabo (y a todas, el capuchón del clítoris) la existencia de las pegatinas que hacen «especiales» determinados asientos.
Así que, como cada día, me trago las ganas de destrozarles el rostro con un tablón de madera de pino y me levanto. Las sudamericanas alucinan conmigo, pero saben que ellas y sus recién paridos sobreviven gracias a mi paciencia.

mo24590 dijo
Yo arranacaría con una cuchara los ojos de una persona que tengo en mente.. pero sigue viva por mi maldita paciencia, ese perro tonto que me hace darle otra oportunidad..jajaja!
7 Octubre 2005 | 09:35 AM