A veces soy imbécil
Cosas que odio y odié de la señora de la limpieza:
1.- Que no me diera las gracias aquella vez que bajé a comprarme algo para desayunar y le compré un pedazo de pastel para que se animara, porque estaba «triste y sola en esta vida».
2.- Que me hiciera aquella vez, a voz en grito y delante de todo el mundo, la siguiente pregunta cuando salí del cuarto de baño: «¿Qué pasa, es que tienes cagalera o qué?». Lo que sucedió en realidad fue que yo había tenido un «ataque de mocos». Yo lo llamo así. No es más que la aparición de una gran masa de mucosidad dentro de mi nariz, masa que, para mi supervivencia, tengo que expulsar mediante un proceso algo ruidoso. Aquella vez, como tantas otras, se me ocurrió que el ruido de mi nariz podía dar lugar a equívoco, y decidí tirar varias veces de la cadena del báter para ocultar el sonido de mi napia tras el del agua. Los mocos fueron muchos, y supongo que el número de veces que usé la cisterna dio también qué pensar. Especialmente a ella.
3.- Que en otra ocasión, al salir del cuarto de baño -otra vez- después de unos cinco minutos me gritara, también delante de todos mis compañeros (y compañeras): «¿Qué? ¿Voy a tener que entrar con mascarilla? ¿Huele o no huele?». Odio que esta persona piense que el servicio sólo se puede usar para defecar. Odio que grite.
4.- Que viera la foto de mi novio y dijera «¿Ese SEÑOR es tu novio?».
5.- Que aún no me haya devuelto el bono del tren que le dejé hace dos semanas. Tenía ocho viajes. Ocho viajes que ya veo que he perdido. No me importan los seis euros, pero me fastidia reconocer que a veces soy imbécil. Rematadamente imbécil.
Por cierto, que nadie se equivoque. Esta colega NO trabaja en mi casa. Yo soy proletaria y no tengo un puto duro. La mierda de mi casa la limpio yo (y a veces, ni eso). La «señora» en cuestión limpia la oficina en la que yo me dejo la piel, o sea, en la que trabajo, por si quedan dudas. Es una cosa rara, porque la tía va limpia que te limpia mientras todos los trabajadores estamos aquí. Yo nunca había visto algo así, pero existe.

Sonrisa cómplice dijo
Y que seria de nuestras vida sin estos actos "imbéciles"?
A mi no me da por odiar a las señoras de la limpieza, pero te diré que aún no tengo asumido eso de que alguien entre y salga de mi habitación tocándo mis cosas. Y es contradictorio, xque justamente pagamos para eso.
10 Octubre 2005 | 12:10 PM