La pescadilla que se muerde el vómito
Si soy una mala pécora no es por gusto. Que, con el tiempo, le haya cogido el gusto, ya es otra cosa. Si soy de pensamiento soez, de mirada afilada y sanguinolenta y de verbo envenenado; si corre por mis venas odio en forma de sangre, no es mi culpa: son ellos.
Detesto a la gente y me aburren sus vidas. Me empujan por las escaleras mecánicas, me apartan con desprecio en el autobús, me hacen escuchar sus aburridos tedios cotidianos como si se tratara de grandes gestas de la historia. No puedo engañarme: siento ira, odio en estado puro, desprecio. No puedo seguir ocultándolo más tiempo.
Ese asqueroso afán por ir el primero, por llegar antes que nadie, por pisar los cráneos de los demás me crispa los nervios y la sangre. Esas fans de Tous que me adelantan, altivas, a primera hora de la mañana, vuelven a hacer su aparición en el Mercadona los viernes por la tarde. Ahora ya no están solas: su marido está con ellas. No hay comunicación entre ellos. Mientras él llena el carrito de salchichas, chorizos y morcones ella, mirando siempre hacia otro lado, busca algún producto light, tan, tan light como su cerebo "a-Tous-ado".
Miro su mierda de salchichas, su mierda de marido en chándal, observo su forma de no mirarse entre ellos, su manera cansina de empujar el carrito, y me invaden la lástima y el desprecio.
Pero mi naturaleza de mala pécora celebra su propia fiesta y no puede evitar alegrarse de que la gente vomitiva tenga que soportar la vida vomitiva que su cerebro reseco, podrido y mínimo ha deseado tener desde siempre para no ser el garbanzo negro de ninguna famila: para ser un garbanzo más dentro del gran cubo de vómitos.






Moi dijo
JaJaJa. Tienes TANTA razón. Lo mejor, lo de los cerebros a-TOUS-ados.
21 Febrero 2007 | 09:30 PM